venres, 17 de maio de 2013

LOS DEL 97, "LA PRIMERA VEZ..."

Todos me decían que algún día tenía que pasar. Pero yo no quería otro. Me gustaba él, blanquito y poco común. 
Esta historia empezó un 26 de Abril. 
Me dolía, sangraba, pero yo no paraba, seguía tocándolo...
Escuché a mi madre entrando en casa. Muchas veces me había dicho que debía dejar que las cosas pasasen por su propio pie. Pero yo quería saber lo que se sentía, aunque tampoco me quería despedir de él. 
Me dolía mucho, cada vez más. Hasta el momento que me relajé. 
¡Sí! ¡Por fin! - Grité con entusiasmo.
Ya lo tenía entre mis brazos, lo guardaría toda la vida. El primer diente que me cayó. Como antes os dije era blanquito y poco común porque me naciera con forma de pétalo de rosa.
Sufrí mucho mientras lo tocaba para que se soltara. 
Pocos meses después me nació otro pero ya no fue lo mismo. Este era un diente normal y no mi diente peculiar. 
Marta Costa Gil
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La primera vez que vi a mi prima Emma sentí mucha alegría. Había nacido el día anterior y verla tan pequeña me provocó una sensación increíble. 
Aquel día me había quedado cuidando de Pedro, su hermano. Cuando fuimos a la clínica, mi tío venía hacia nosotros. 
Cogió a Pedro en brazos y se echó a llorar de alegría. Nos llevó a ver a la pequeña. 
Mi tía estaba acostada en la cma y Emma en la cuna. Su hermano se acercó y le tarareó una nana. No podía comprender como con solo cuatro años, podía demostrar lo mucho que quería a un bebé que acababa de conocer. 
Aquel fue uno de los mejores días de mi vida, sentí felicidad y ganas de llorar al mismo tiempo. 
Mi tío me la puso en brazos, era muy pequeña, pero preciosa. Desde aquel momento supe que ella y Pedro serían para mí como unos hermanos, porque los querría como tal. 
Irene Gómez Rodríguez
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Era un cálido día de verano. Tendría unos tres o cuatro años cuando fui por primera vez. Yo no me enteraba ni a dónde iba ni por qué, pero como cualquier niño estaba ilusionado. 
Mis padres me dijeron que íbamos a la playa y como nunca fuera aún no sabía muy bien cómo era. 
Estaba nervioso y después de bajarme del coche y andar un rato, vi aquel lugar lleno de arena, y cuando se acababa la arena empezaba aquel inmenso mar que no tenía fin y se perdía en el horizonte. 
Mi primera sensación fue de miedo ya que parecía un lugar peligroso, pero poco a poco el miedo fue desapareciendo y me empezó a gustar. 
Pero aún así no me metía porque el agua estaba muy fría y al salir la arena se pegaba a los pies y era muy desagradable. 
Cuando me fui de allí me quedé con ganas de volver. 
Jose Domínguez Vázquez

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