13 de mar. de 2013

"LOS DEL 97", PODRÍA SER

"PODRÍA SER"
“Podría ser”, de Ismael Serrano, es una canción tan triste como la cruda realidad que refleja, la de tantos parados que luchan por un trabajo sin perder la esperanza y sin rendirse.
¿Qué podríais ser vosotros? Elegid una de las profesiones de Ismael Serrano o imaginad otra igual de original o imposible y desarrollad vuestra historia.
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Un doctor despistado
-Enfermera, tráigame la venda rápido, este girasol ha perdido demasiada savia; no sé si podremos salvarlo. Debemos regarla con agua del grifo AB urgentemente y si no se recupera…. Tendremos que avisar a su maceta y darle la noticia.
Esta semana es el cuarto caso de `Mordidus canis´. Empiezo  a estar preocupados por un brote de esos ataques.  Ya sabe que las plantas tienen pocos anticuerpos en esta época, el otoño. Podríamos vacunarlas todas, pero teniendo en cuenta de que hay unos millones de kilómetros cuadrados de planeta, con unos millones de especies de plantas distintos, con unos billones de plantas de cada especie…. Resultaría muy difícil conseguir resultados.
Por otra part…. ¡Mire, se está despertando! Giraly, ¿me reconoce?, soy el doctor Garibaldi.
-¡Pues claro que lo reconozco! Déjese de pamplinas y mándeme mi tierra.
-Vaya, parece que al final era solamente un caso de `gripes comunis´ con exceso de mucosidad. Enfermera, lo dejo en sus manos.
Celia Pérez Martínez (4º B) Elegida la mejor por el grupo
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Profesor de Asesinato
Desde la última ley de educación del 3008, en el colegio hay una asignatura que se llama Asesinato.
Estamos en el año 3009 d.C., la sociedad evoluciona a pasos agigantados y, como ya he dicho, en nuestro colegio hay un profesor que nos enseña a matar. Hacemos excursiones por las calles de la ciudad todos los días y allí realizamos las prácticas.
Lo primero que analizamos es la expresión facial de los que atacamos y, lo segundo, el tiempo que tardaban en morir; sobre unos tres segundos de promedio.
Según estudiamos en historia, en el pasado no se admitían este tipo de asignaturas, pero ahora hay que buscar nuevas profesiones, aunque éstas sean de lo más extravagantes. Estamos en el 3009.
David Gesteira Estévez (4º B)
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Diseñador de animales
Era viernes por la mañana. Martín se había levantado con ganas de empezar a trabajar en su nuevo hogar, Tailandia; allí iba a cumplir sus sueños. Había empezado a trabajar como camarero, pero pronto había encontrado trabajo en una empresa que se dedicaba a diseñar animales.
Desde que era pequeño soñaba con hacer algo distinto a los demás, por eso encajaba a la perfección en esa profesión. Desde el primer día, le puso mucho entusiasmo y era el que más ideas tenía.
Su especie animal con más éxito fueron los pecos. Eran azules, del tamaño de un elefante, tenían las patas como muelles, la cola en forma de espiral y la cabeza plana como una tabla. Las patas tenían doble función, en tierra, hacer que los pecos fueran dando saltos, y en el agua, hacer que tuvieran la flexibilidad y agilidad necesaria para nadar. Solían comer cada quince días y se alimentaban de musgo, setas y algas. Los pecos fueron los animales domésticos más conocidos en el mundo de los años 30.
Yurena De Oliveira Puime (4º B)
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PROBADOR DE ESPEJOS
Vale, puede ser que este no sea el trabajo más difícil del mundo, pero he de reconocer que algo agobiado sí que estoy.
El rey es demasiado presumido y todos los días, al menos diez veces, se para delante de un espejo y se mira en él.
Y claro, ahí estoy yo. Al ser un hombre tan poderoso, necesita mucha seguridad. Pensaréis, qué exagerado es el hombre ese, no será para tanto. Pero he de deciros que su padre, el anterior rey, murió con una flecha atravesada en toda la frente. Parece ser, que cuando el espejo detectaba un reflejo, hacía que se activase un mecanismo y se disparase.
A veces, me da algo de miedo, sé que es un trabajo arriesgado, pero pagan bien y aún sigo aquí.
El otro día tuve un susto bastante grande con el espejo del salón. El rey tiene un gato, y siempre campa a sus anchas por todo el palacio. Yo me acerqué al espejo lentamente, respirando muy hondo. Cuando todo mi cuerpo se vio reflejado, sentí un ruido muy raro y justo en ese instante, algo afilado clavándose en mi cara. Era el maldito gato ese, se había escondido del perro del rey y al sentirme cerca se había asustado. ¡Le he cogido una manía!
Mi vida no es muy interesante, pero mi trabajo es bastante original. Después de tanto tiempo me ha acabado gustando.
Irene Gómez Rodríguez (4º B)
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Javier no daba pegado ojo. Llevaba más de tres años buscando trabajo, mientras él y su familia no tenían dinero ni para comer, y por fin había encontrado uno.
Quizás no fuese el mejor oficio del mundo, ni el más común, pero ser médico de tulipanes no podía ser muy malo. Tenía que estar ocho horas diarias haciendo revisiones, dando medicinas e incluso operando a algún tulipán que estuviese al borde la muerte. Para aprender a hacer todo esto tuvo que ir a un curso intensivo de dos días y aún así no sabía operarlos.
Pasaban los días y Javier se estaba adaptando maravillosamente al oficio. Los tulipanes le adoraban y a él le encantaba verlos felices cuando salían de su consulta y tuvo una idea. Ahorró un poco de dinero y, tras convertirse en uno de los mejores médicos de tulipanes, decidió montar su propia consulta.
Al principio no tenía muchos pacientes, pero pronto se empezó a llenar la consulta, de tal forma que tuvo que contratar a dos ayudantes.
Unos años más tarde, una plaga que acabó con todos los tulipanes llevó su negocio al garete y con él el futuro de esta profesión.
Jose Domínguez Vázquez (4º B)
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Gorda, fea, ojos grandes o pequeños; así es como se veía en su propio reflejo dependiendo del día. Era especialista probando espejos. 
Normalmente se veía guapa, pero aquel día vio algo en su pelo que no le gustó demasiado. Pensaba que le hacía la cara muy redonda. Cuando terminó de probar el espejo, y le dio su visto bueno, se puso camino de la peluquería. Decidió cortarse el flequillo de lado y dejarse el pelo por encima de los hombros.
De vuelta a casa, se miró en el espejo... ¡Estaba estupenda! Ese peinado le favorecía muchísimo, le realzaba los ojos. Pero había otro problema, ahora se sentía gorda, por lo que se hizo una operación; en tres meses empezaría a obtener resultados. Nunca se sentía contenta con su cuerpo y su trabajo tampoco ayudaba mucho, miraba su reflejo unas ocho veces al día. Por fin tomó una decisión; como no podía dejar el trabajo porque era herencia de su padre, se lo ofrecería a su sobrina. Ella sabría sacarle partido.
Marta Costa Gil (4º B)

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